
Acabo de terminar de leer un libro de muy reciente publicación sobre uno de los temas de gestión empresarial que más interés me han suscitado últimamente, especialmente por lo vivido y/o presenciado en los últimos años de mi carrera profesional: las patologías organizacionales y el “foco de infección” que normalmente las producen, a saber, las conductas tóxicas de determinadas personas, normalmente situadas en niveles medios y altos de la organización.
El libro en cuestión tiene un título extraordinariamente sugestivo y revelador: “Mi jefe es un psicópata. Por qué la gente normal se vuelve perversa cuando alcanza el poder”, y es obra de Iñaki Piñuel, psicólogo y profesor de la Universidad de Alcalá de Henares. Entroncando puntualmente con algunos de los posts anteriores sobre la aristofobia y el odio a los mejores, y como yo siempre intento estar en el lado opuesto, es decir, el de los que admiran la excelencia y denostan a los que denostan a los excelentes, tengo que calificar esta obra no como buena, tampoco como muy buena, sino como soberbia. Realmente es impactante el rigor científico y la nitidez narrativa con la que el profesor Piñuel describe el fenómeno de la llamada psicopatía organizacional y de los individuos que normalmente se encuentran tras ella, los psicópatas organizacionales.
Estremecen las conclusiones de Piñuel sobre la valoración clínica que la psicología científica moderna, de manera unánime, otorga a esta patología: como psicópatas, aunque no lleguen a deslizarse por la deriva criminal (al menos en el sentido físico y literal del término) de la psicopatía, son por naturaleza depredadores de personas y gozan generalmente de una inteligencia notable. Además, pese a que son analfabetos emocionales e incapaces de empatizar realmente con nadie, producen primeras impresiones en los demás extraordinariamente positivas (son genios de la manipulación y el embaucamiento personal), cosa que siempre les allana el camino, saben distinguir perfectamente entre el bien y el mal pero prefieren este último porque es útil para sus fines y porque no sienten miedo alguno a sus consecuencias, y, sobre todo, es una patología que no tiene curación ni tratamiento terapéutico posibles. De hecho, apunta también Piñuel, todos los intentos realizados hasta la fecha de los que existe registro clínico se han demostrado no sólo inefectivos sino contraproducentes.
Para concluir, otro dato no menos demoledor: según las investigaciones de las que se hace eco Piñuel y las suyas propias, se estima que en España puede haber actualmente entre 500.000 y un millón de psicópatas, la inmensa mayoría de ellos, por supuesto, sin diagnosticar y sin reconocer como tales en su entorno familiar, social o laboral, es decir, psicópatas “en la sombra”, en algunos casos latentes y en otros ejerciendo su condición tóxica y destructiva en los ambientes donde encuentran oportunidad de sacar beneficio de la misma, habitualmente los profesionales.
La única protección posible ante ellos es reconocerlos a tiempo y protegerse poniendo distancias (cosa desgraciadamente imposible cuando se les tiene como jefes), siempre tratando de no caer en actitudes paranoides (y perjudiciales para nosotros) de ver psicópatas por todos lados y teniendo en cuenta otra cuestión sobre la que Piñuel también advierte poderosamente, y es que tal reconocimiento suele ser muy difícil por lo extraordinariamente hábil que es el psicópata en el oficio de la manipulación y en rodearse de apoyos internos (normalmente tontos útiles o estómagos agradecidos anestesiados moralmente) que les “blanquean” ante los demás. En cualquier caso, esa tarea siempre será mucho más abordable con ayudas como las que proporcionan libros tan excepcionales e imprescindibles como éste.

Pingback: El blog de Pedro J. García